martes, 18 de octubre de 2011

EN BUSCA DEL CAPUCHINO PERFECTO


Hace unos días fui a parar a una pequeña cafetería mientras hacía tiempo para entrar a una cita. Estaba preciosa; mobiliario impecable, decoración cuidadísima, una barra de panes de concurso; qué decir de la cafetera, de lujo, una San Remo último modelo, molino, una vitrina de esas curvas con deliciosos postres adentro, un muestrario de tés tan grande que parecía muestrario de telas de tapicería.

Hasta ahí todo bien. Sólo que se me ocurrió pedir un capuchino, que por cierto, tenía muchísimas ganas de uno desde hacía varios días.
A la señorita que me atendió creo que no le hizo gracia que osara interrumpir su interesantísima plática telefónica con mi pedido.

Esperé en mi mesa pacientemente con gran expectativa el "delicioso" capuchino que me tomaría.

Cuando por fin llegó, estaba tan caliente que tuve que esperar 20 minutos, después de quemarme tres veces, para poder tomarlo. Era un vaso como de 16 onzas, lleno hasta el tope de leche, pintadito con café, quemado por cierto, y un milímetro de espuma que desapareció en dos minutos. De la calidad de la casi inexistente espuma mejor ya ni hablo, ya se imaginarán, era nula.

Yo sólo esperaba un capuchino con las cantidades ideales de leche, café y espuma; el café bien hecho, la espuma impecable y a una temperatura lista para poderse tomar. No era mucho pedir ¿o sí?

Lo que me llama la atención de todo esto, es que llevo mucho tiempo tratando de encontrar el “capuchino perfecto” en diferentes cafeterías y nada, me encuentro con bebidas mal preparadas, empleados muy mal capacitados o con locales de lujo que pierden de vista lo más importante de una cafetería: EL CAFÉ.

Lo importante de todo ésto es que hay factores básicos y muy concretos que podrían hacer de muchas cafeterías un lugar mejor en lo que se refiere a la calidad y la venta de café:

Capacitación


• Buen grano de café


• Tostado perfecto


• Cafetera con buena presión y en estado impecable.


• Molino bien calibrado


• Agua limpia y de buena calidad


• Servicio al cliente

Mientras tanto, seguiré buscando "el capuchino perfecto" si saben en donde lo puedo encontrar, ¡avísenme!

¡HAGAMOS MEJOR CAFÉ!

 
Por: Angélica González Guzmán


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viernes, 18 de marzo de 2011

COMBINANDO AL CAFÉ


Se dice que el café debe tomarse solo porque así se pueden apreciar mejor todas las cualidades en la taza como los aromas, la crema, el cuerpo, la persistencia y el sabor; a fin de cuentas ¿a quién no le gusta tomarse un café de buena calidad y bien equilibrado?
El café tiene una gran variedad de aromas, que no serían los mismos al mezclarlo y qué decir de lo que vemos en la taza: la crema rojiza, dorada o marrón, según el tostado; una crema espesa o frágil, derivada de la temperatura del agua o la presión de la cafetera entre otros factores.
Pero esta vez le quiero dar el beneficio de la duda a algunos productos que no combinan nada mal con el café y que al unirlos algo muy bueno resulta:

En primer lugar hablaré de la canela:

Las mejores plantaciones crecen en terrenos lluviosos, de textura arenosa y fangosa, profundos con alto contenido de materia orgánica y excelente drenaje.
Es una especia muy aromática y si se agrega al capuchino le da un delicioso sabor, pero ojo: es mejor ponerla en el último minuto porque rompe la espuma, y de preferencia hay que molerla justo antes de agregarla, eso le dará mucho más aroma y frescura.
Es importante que el sabor del café sea el dominante.

¿Qué tal un café express con miel de abeja?

La miel de abeja es un producto totalmente natural, capaz de endulzar 25 veces más que el azúcar. Se compone principalmente de 16 tipos de azúcares entre ellos la levulosa y la dextrosa.
Poner una cucharada de miel en el fondo de la taza y preparar un café express sobre ella, resulta ¡delicioso! pero cuidado, no hay que exagerar en la cantidad de miel para que el sabor y el cuerpo del café no se pierdan.

¿…y con piloncillo?

Todos conocemos el tradicional café de olla, café en una olla, canela, un pedacito de carbón, si se sigue la receta original, y piloncillo que se derrite en el agua hirviendo.
Si le agregamos a un café express un poco de ralladura de piloncillo sobre la crema, tendremos una bebida deliciosa, dulce y consistente.

Bueno, el piloncillo es un producto alimenticio con excelentes características que se obtiene de la evaporación de los jugos de la caña de azúcar y de la caña panelera dando como resultado la cristalización de la sacarosa que contiene minerales y vitaminas, fructuosa y glucosa.

La fruta:

Simplemente hay frutas que NO son compatibles con el café como la piña, el kiwi, las uvas y en general todas las que son muy ácidas.

Pero la naranja, por ejemplo, combina bien si usamos ralladura de la cáscara espolvoreada. El higo con café resulta interesante para el paladar, agregando algunos cubitos en el fondo de una taza de café americano.

Café con leche:

Una combinación que algunos no perdonan todas la mañanas, o en la noche con pan dulce.
El famoso “Lechero” de El Café de la Parroquia en Veracruz se ha convertido en una tradición, con su fuerte café al fondo acompañado de un chorro de leche que se sirve a una distancia de 20 cm del vaso, lo que hace que se forme una rica espuma.
La leche diluye un poco el sabor del café, pero el resultado es amable.
Esta pareja tiene un lado no muy bueno: su digestión no es muy fácil y puede ocasionar algunos malestares.


Y por último mi favorito: ¡EL CHOCOLATE!



El café y el chocolate nacieron para estar juntos, hasta se cultivan en zonas cercanas.
Armonizan de forma casi perfecta.
En el capuchino se puede agregar chocolate líquido al fondo de la taza, en un café express también; rallado de una tableta sobre un café americano se derrite y la sensación es muy agradable.
Morder una tableta de chocolate amargo al tiempo que se toma un buen café es ¡simplemente delicioso!


Y como en gustos se rompen géneros, te invito a hacer tus propias combinaciones y por supuesto, compartirlas.
 
 
 
Por: Angélica González Guzmán
 
Un agradecimiento especial a Álvaro González G. por sus excelentes fotografías.
 
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